(Review sin spoilers)

Los filmes live action (actuadas por personas) de Disney tienen una carrera larga y parece que con Dumbo comienzan su nueva ola, una que llega con bombo y platillo de la mano del director de culto Tim Burton y su peculiar visión que, sin embargo, parece velada por las luces y los colores del circo.

Y es que Burton en si no es oscuro per sé, ahí tenemos la fenomenal Big Fish en la que cada escena es un cuadro lleno de matices brillantes y alegres como la misma historia y en Dumbo, desde el inicio, se nota su forma de construir ambientes amigables que esconden secretos y que se sienten mágicos a la vez pero que nos dejan entrar a ese lugar como si fuera real; sus criaturas son tan reales para él como lo es para nosotros la luz de día y toda su vida ha trabajado por llevarnos a comprender ese hecho simple, pero profundo.

Recuerdo cuando salió a la luz una foto filtrada del nuevo Dumbo y recibió opiniones encontradas respecto a si el director había cruzado la línea esta vez (de nuevo) pero nada más alejado de la realidad. Dumbo es encantador desde su primera aparición y aunque (como sucede con el CGI de los ojos de Alita) cuesta un poco de trabajo tomarle cariño, al final de la película puedes incluso olvidar que Dumbo no está ahí, que es una animación, ¡a los pequeños les encantará el pequeño elefante sin duda!.

Las actuaciones aunque es uno de los puntos flacos de la película, distan de ser malas. Danny DeVito sigue teniendo esa chispa que lo caracteriza y llena la pantalla cada que aparece, además es un deleite verlo interactuar de nuevo con Michael Keaton en un Filme, Eva Green también se lleva los reflectores pues su presencia también se aprecia cada segundo que está a cuadro. Collin Farrel no termina de convencer y los pequeños Nico Parker y Finley Hobbins (nuevos en esto de las películas) hacen un buen trabajo aunque ella (Nico) se lleva las palmas por ser una cuasi co protagonista junto con Dumbo. El personaje de Deobia Oparei (Rongo) debió brillar más. En fin, ninguno está mal en su papel, se sienten naturales de hecho, pero hay algo que falta.

La historia toma elementos de aquí y de allá de la original de 1941 aunque sin duda deja algunas escenas polémicas de lado (en 2019, la época de lo políticamente correcto, hay que andarse con cuidado), no hay cuervos ni animales parlanchines. La maternidad toma un papel importante en el filme y el final es algo que conmueve aún siendo algo cursi; esta versión no es de cerca, tan trágica como la primera aunque si hay elefantes rosas. Quizá lo mejor de todo es cuando se critica Disney a si mismo, dialogando sobre la relación usualmente abusiva entre las empresas grandes y las pequeñas (justo cuando ha anunciado que Fox fue anexado al guantelete del infinito de Mickey hace unos días). Además el mensaje de que los niños son el futuro y que ellos nos guiarán es una adición importante también a la motivación de nuestros personajes.

En fin que Disney sabe lo que hace y su mano que crea todo con precisión se siente en cada momento, quizá con un poco más de libertad creativa, Dumbo hubiera sido un filme mucho más grande, algo más digno de la original. No es mala en lo absoluto, al contrario, si vas con la familia y los pequeños la disfrutarás pues cada detalle es asombroso, quizá este Dumbo nuevo sólo necesita que, como DeVito dice en la película “creamos” y conectemos con sus enormes ojos azules, nos dejemos llevar sobre su lomo al país de sueños y maravillas y seamos niños una vez más.