Spoilers en camino, si aún te interesa seguir adelante.

Hércules ha muerto. Grail, la hija de Darkseid se ha encargado de hacerlo absorbiendo su energía vital, pero en ARGUS las investigaciones aún son incipientes, y sólo han arrojado un rastro de cuerpos y señales de energía de Apokolips. Diana tiene la fuerte sospecha que es Grail quien se ha encargado de los asesinatos, y mientras puede comprobarlo, se reúne con Blake Hooper, el abogado de Hércules que le notificó a Diana que el hijo de Zeus le había legado todas sus posesiones. Al llegar a la cabaña de Hércules, Hooper le entrega a la amazona una carta que el dios había dejado para ella para ser abierta después de su muerte. En ella explica el por qué de sus acciones y finalmente confiesa la existencia de un joven llamado Jason, que es ni más ni menos el hermano de la princesa de Temyscira.

Sin perder tiempo, Diana y Hooper se embarcan al mediterráneo donde, tras una breve indagación en un pequeño pueblo pesquero, Wonder Woman encuentra a su hermano en un barco en medio del mar. Sin más preámbulos, el joven le dice que ha sentido su presencia, y que la ha estado esperando.

Ok, eso es todo. No mucha complicación aquí, y no tendría por que haberla, si sólo se trata del hermano extraviado de Wonder Woman, sí, ese que nos vendieron con bombo y platillo cuando comenzó Rebirth. Entonces es todo. Y es una lástima por que creo que de nuevo, la gente a cargo de este título parece no tomarse muy en serio lo que tienen entre manos, que es nada menos uno de los 3 personajes más importantes de DC (y diría uno de los 5 de toda la historia). De nuevo un cambio de equipo de un número a otro, esta vez una historia muy medianita para el suceso que nos está arrojando, a cargo de James Robinson, y un arte poco menos que calamitoso de un Sergio Davila que no puede mantener uniformidad de una viñeta a otra. Y ni quisiera mencionar la espantosa portada de mi buen amigo Bryan Hitch y que definitivamente no es un libro que valga la pena pagar sólo por ver una buena portada alterna -como siempre- de Jenny Frison.