Texas, 1887, un senador corrupto ha autorizado cambios en los límites de las propiedades de sus amigos y patrocinadores, además que ha autorizado el asesinato de los que corten el alambre de púas de estas propiedades malhabidas, la gente está sufriendo y es necesario que surja alguien capaz de hacer frente a las injusticias.

Este relanzamiento del Llanero solitario, como lo conocemos por estos lares, es realizado por Mark Rusell (The Flinstons, Prez) en el guion y Bob Q (The Green Hornet 66 meets The Spirit) en los lápices, Mark ha declarado que busca plasmar la transición del viejo oeste a la nación en que se convirtieron los Estados Unidos, así como reflejar el ambiente de ese Oeste mitificado.

The Lone Ranger es un personaje seminal en la cultura norteamericana, creado para un programa de radio en 1933, desde el principio gozó de gran popularidad junto a su inseparable Tonto y su fiel caballo Plata, ha aparecido en comics, libros y películas, incluso en Dynamite comics ésta es la tercera serie del personaje.

Como en cualquier primer número el desarrollo de este es lento, vemos, en flashbacks, el primer contacto entre The Lone Ranger y Tonto, aunque la trama se enfoca en el Senador Rose y su plan para recibir apoyo en su campaña a cambio de dadivas a sus benefactores, es decir, establece las bases para el surgimiento de este vengador, además que muestra claramente el tamaño y poder del contrincante, además que intenta transmitir el sentir de vivir en aquella época de grandes cambios.

Considero que Mark Russell logra todo esto, pero siento que al final le falta algo para dejar en verdadero suspenso al lector, con ganas de regresar en el siguiente número a enterarse del desenlace de la acción, el dibujo es sencillo, pero efectivo, nada espectacular, pero cumplidor, lo mejor sin duda, son las portadas, la regular a cargo de John Cassaday, efectivo como siempre, Mike Allred y Francesco Francavilla nos ofrecen las portadas variantes.

A echarle un ojo a las siguientes entregas.