La película empieza con el escritor A.A. Milne el cuál presenta traumas de guerra a raiz de su alistamiento en la Primera Guerra Mundial, tratando de poder seguir adelante y continuar con sus escritos, encuentra la paz mudándose a un hermoso campo junto a su esposa Daphne, su hijo Christopher Milne y su nana Olive.

Sin una esposa que lo apoye del todo y dejándolo a su merced con un hijo que poco conoce, se ve forzado a convivir con quien para él no es más que un extraño, esto evidentemente le ayuda a superar las repercusiones de la guerra y al observar jugar a su hijo con sus amados peluches, los cuáles se convertirán en la fuente de inspiración para crear al más conocido oso Winnie The Pooh y al dueño de todo ese mágico equipo Christopher Robin.

Es aquí donde la película toma flote, no nos adentra a los traumas a profundidad de Alan, pero nos muestra su faceta como padre a lado de Billy, quién es el que sostiene en gran parte la película y juntos nos incursionan al universo que Pooh, el cual es cuidado hasta el más mínimo detalle.

Ellos sin saber que cuando las aventuras del simpático osito se empiezan a convertir en un éxito rotundo, su tan marcada distancia se haría tan grande al grado en que Billy, perdería toda su escencía sin saber por qué.

La película cuenta con un mensaje antibelico y el como apesar que tanto A. A. Mile y su hijo Christopher Robin terminan odiando su creación, saben que para esa época era y fue muy necesario.

Las actuaciones que más logran destacar son las de Domhnall Gleeson (A. A. Mile) y Will Tilston (el joven Christopher Robin) son ellos quienes tiene una gran química y forjan las bases de lo que hoy en día es Winnie The Pooh.

Una historia que sin lugar a dudas pudo ser mejor contada, pero que el resultado que muestra nos mensajes bien estructurados que el publico podrá disfrutar.