La historia recuerda a Mark Felt como “garganta profunda”, el heroico informante secreto que todo lo sabe, aquel que alimentó gran parte del informe del Washington Post que expuso la corrupción y los crímenes de Richard Nixon cuando estuvo al frente de la Casa Blanca. El hombre real, desde luego, era más complicado que eso: un alto funcionario del FBI, fiel al buró de investigación dirigido por John Edgar Hoover.

Felt fue acusado algunos años después de realizar operaciones ilegales destinadas a atacar a los grupos de protesta más violentos de los Estados Unidos. Su matrimonio fue golpeado por su devoción al trabajo, una esposa alcohólica y una hija que huyó para unirse a una comuna son una prueba contundente. Este es el ángulo que persigue el guionista y director del drama histórico, Peter Landesman, en   “El Informante”.

Esta película es una historia truncada del Watergate, contada desde un punto de vista diferente. Los motivos de Felt son cuestionables si consideramos que él fue ignorado como sucesor de Hoover para el puesto más alto del FBI. No obstante, su entereza y su devoción hacia el buró hacen que uno se pregunte si la constitución era su principal preocupación cuando trató de resistir los esfuerzos nixonianos de politizar el FBI para darle carpetazo a la investigación del Watergate.

La actuación de Liam Neeson en el papel de Felt es furia sin diluir, paranoia y desesperación, todo en un hombre con un traje impecable en todo momento. De entrada, nos encontramos con un Mark Felt que juega como el buen hombre de la organización, convocado a la Casa Blanca para ser sondeado acerca de la posibilidad de sustituir a Hoover, a quien varios presidentes habían tratado de sustituir.

El Felt de Neeson no concede ni un atisbo de halago, honores o sorpresas. Se limita a reunir los archivos que el Sr. Hoover tiene bajo llave para entregárselos, con una insinuación diplomática que inhibe cualquier chantaje que pudiera presentarse en el futuro, “tus secretos están a salvo con nosotros”. El consejero de la Casa Blanca, Dean, interpretado por Michael C. Hall, recibe el mensaje: “usted es un verdadero político, señor Felt”.

En cuestión de días, Hoover muere, las oficinas centrales demócratas en Watergate son asaltadas por un equipo de ex agentes de la CIA y ex agentes del FBI, las lealtades de Felt a la administración y sus habilidades como “político” son puestas a prueba. Él lleva a cabo el incendio de los archivos de Hoover e insulta a un antiguo compañero, Bill Sullivan que ahora trabaja para la Casa Blanca. Felt es rápidamente dejado en último lugar como opción para suceder a Hoover y en su lugar asciende un partidario de Nixon, Patrick Gray.

A medida que los medios tratan de llegar a lo que podría ser solo un ataque dirigido por la Casa Blanca contra opositores políticos, y tratan de interesar a unos Estados Unidos desinteresados por completo, Felt y un grupo selecto de colegas cercanos se alarman por el rumbo que está tomando la investigación. Los esfuerzos de la Casa Blanca, ayudados por el director interino Gray, se dirigen a mantenerse un paso por delante para lograr ganar las próximas elecciones.

Felt trata de acercarse a reporteros como Sandy Smith de la Revista Time para llegar a la prensa, pero cae en cuenta de que una vida de guardar secretos es un hábito difícil de romper. El gran momento en esta epopeya histórica –la reunión de “garganta profunda” con el reportero del Washington Post, Bob Woodward, en un estacionamiento de DC– es puro anticlímax. Felt suelta información a la prensa, pero Woodward está tan sorprendido que Felt no siente que este reportero vaya a poder sacar la “historia correcta”.

Neeson es totalmente convincente como un veterano agente del FBI con 30 años de carrera. Un personaje que comprende la necesidad de su independencia, un hombre digno de todos los halagos icónicos que le arrojó su camino. Hemos visto a Neeson tan a menudo como un hombre de acción en los últimos años que es refrescante verlo enterrando su ira creciente. Nixon es reelegido, después de todo, hasta que al final todo se desborda.

Mientras nos centramos en los esfuerzos de Felt para proteger al FBI y guardar su propio secreto –estuvo bajo sospecha como el “soplón” desde el principio–, Landesman hace un excelente trabajo para sugerir adecuadamente el tenor de los tiempos: marchas, radicales que lanzan bombas, el fracaso de una guerra.

Por desgracia, no hay “el gran momento en el estacionamiento”. Esa escena que sí ocurre en “Todos los hombres del presidente”, donde garganta profunda dice “sigue el dinero”.

Eso enturbia las aguas y diluye la historia, desluce el drama de los archivos ocultos y reduce todo al trabajo en torno a un corrupto –”incompetente” es la etiqueta que la historia le da a Gray– director en funciones que protege una investigación supuestamente orquestada desde la Casa Blanca.

Esto cuesta a la producción y probablemente le quitará a Neeson una nominación al Oscar. El toque estoico de Neeson y la historia que debemos recordar hacen que funcione “El Informante”. Neeson está tan inmerso en este personaje que es como si recuperara la icónica actuación de Hal Holbrook, lo que consigue que salgamos de la sala de cine con ganas de volver a ver “Todos los hombres del presidente” y recordemos cómo la “lealtad al presidente” fomenta la corrupción.

 

Elenco: Liam Neeson, Marton Csokas, Diane Lane, Josh Lucas, Tom Sizemore, Tony Goldwyn, Eddie Marsan

Créditos: Escrito y dirigido por Peter Landesman. Un lanzamiento de Sony Pictures Classics.

Tiempo de duración: 1:43