Lost at sea es una belleza por donde la veas: la edición y su portada mate, la historia cargada del ingenuo hueco existencial adolescente, el aspecto visual de tonos pastel y oscuros, hasta el olor de la tinta…
Tal vez hayas visto la película de Scott Pilgrim, o visto algún arte en pixel de tipo video juego, quizá incluso leíste el cómic inspirado por los mangas del autor canadiense Bryan Lee O’Malley…o tal vez no. Si no lo has hecho, este es un buen momento para introducirte a su arte, y si lo hiciste, es hora de conocer otra faceta de él. A diferencia de Scott Pilgrim y su humor cargado de referencias pop, Lost at Sea es una obra introspectiva que profundiza en los diversos momentos de la adolescencia que suelen parecernos sumamente profundos: el primer amor, los amigos, las pérdidas, el absurdo de vivir, la incomodidad dentro de la propia piel…O’Malley retrata de manera magistral esos momentos en que te sientes incomprendido, solo entre la multitud, incompleto, cuando odias lo que otros admiran de ti y deseas lo que otros aborrecen de sí mismos.
La historia se desarrolla a manera de Road Movie: cuatro adolescentes en edades entre la prepa y la universidad se pierden en un viaje de carretera por el norte de Estados Unidos. Realmente no se conocen mucho entre ellos, especialmente Raleigh, nuestra protagonista, pero al pasar los días la convivencia los une en una extraña hermandad gracias a las situaciones absurdas, bobas, cotidianas pero que resultan tan trascendentales porque eso es lo que tienen y lo que están viviendo. Lost at Sea es una historia de una ternura entrañable, que puede o no tener una inmensa trascendencia pero que debería remover algunos cálidos recuerdos si ya pasaste esa época, o lograr una identificación con los personajes principales si estás entre los doce y los veintitantos.