Crónicas de un grumpy fan… Al ver esto seguramente dijeron: “¡Otra gran reseña alabando Doomsday Clock!” Pues no es así.

Este será el único spoiler que veremos hoy: Doomsday Clock #1 tiene 4 páginas interesantes, que tratan de alguna versión extraña, remasterizada, del origen de Superman, visto en una pesadilla y alcanzando la parte más emocionante (de todo el libro) cuando Clark le dice a una angustiada Lois que es la primera pesadilla que ha tenido. Jamás.

Este primer número es básicamente una secuela de Watchmen.

Ahora…

Antes de continuar quizá debería decir que de ninguna manera soy de los que ven a Watchmen como lo mejor que pudo haber sucedido en el mundo de los comics. Lo leí, incluso vi la película (aún no sé bien por qué), y eso fue todo. No me hizo click, así que no me importó mucho (la verdad, nada) el hecho de que el mundo de Watchmen fuera introducido al de DC. Fue más expectativa que otra cosa. Sé que muchos estarán rasgándose las vestiduras, pero no creo que sea un texto mágico a prueba de todo, incluso a prueba de si mismo.

La cuestión es que si el objetivo era hacer un homenaje a Watchmen, el equipo creativo claramente tiene un punto. Han emulado Watchmen muy bien (y lo sé por que me eché un clavado a hojear de nuevo algo de la serie original, no soy un erudito).  En lo que fallaron fue en justificar por qué estamos viendo a Watchmen. Si nos vamos a la teoría del complot, que no parece tan descabellada (y menos para mí que vivo de la paranoia), Doomsday Clock es uno de esos proyectos concebidos para ganar dinero. Se siente sin sentido, como algo que no debería haber sucedido, pero sucedió y ahora hay que lidiar con eso. Sin contar algunas revelaciones por aquí y por allá, no se hizo nada nuevo con el material que se tenía. Es muy bueno haciendo una réplica de él, pero muy malo haciendo algo interesante con él. Finalmente Doomsday Clock me aburrió, y estamos hablando del segundo gran evento de DC.

Las páginas de 9 viñetas, la cita al final, la tipografía, incluso los colores, todo está planeado para llevarnos de vuelta al ´85 cuando leímos Watchmen por primera vez. Pero eso no es lo que necesitamos ni queremos. Lo que queremos es un buen libro que nos cuente una gran historia nueva, y este título, hasta ahora, no ha cumplido con eso. Ya no son los 80s, los comics han cambiado y leer algo sobrecargado de narrativa y diálogo es sofocante. Eso, aunado a que no tienen nada emocionante. Quizá lo sería si fuera la historia original, en su universo original con sus creadores originales. Y aún así creo que seguiría siendo aburrido. Ahora imaginen a los nuevos lectores que aún no tenían la vena analítica desarrollada en el ´85, o los que son nuevos en estas páginas y se vieron atraídos principalmente por el superhéroe de azul (ya sin chones rojos) y no tienen idea de lo genial (sí, claro) que puede ser Rorschach. Y realmente les importa un bledo por que finalmente ni lo conocen.

No quiero decir con esto que la serie esté condenada a muerte, no lo está, apenas tenemos el primer número en las manos y difícilmente las cosas se quedarán así de sosas (eso quiero pensar). Quizá suceda algo extraordinario que haga que me trague mis palabras, nada me gustaría más, y haga que vuelva a este primer número y finalmente le encuentre sentido y ¿por qué no? hasta difrutable. Así que mientras le regresen los chones rojos a Superman, prefiero quebrame la cabeza tratando de pensar como es que esto encaja en la continuidad de Rebirth, y ya no hablemos de Metal.