Hace 15 días que no escribía. Hace un par de martes, por la mañana, pensaba que esta vez a los Godínez les habían dado menos tiempo en el simulacro, ya que ahora no habían ido por café ni cigarros, y también recordaba que ya me había tocado un temblor el año anterior en esta nueva ubicación, en la esquina de Tamaulipas y Alfonso Reyes, en la colonia Condesa.

En fin que a la 1:15 del 19 de septiembre, sentí la sacudida. Mi primer reacción fue mandar mensajes a la familia, y después publicar en Face “que simulacro tan realista”. Un par de horas después, me dirigía a mi casa para verificar que todo estuviera bien, y para tranquilizar a mi pareja, a quien dejaron salir del trabajo.
Aunque en los primeros diez minutos del temblor supe de un par de edificios caídos, no fue sino hasta que en mi casa vi las noticias que alcancé a dimensionar un poco la verdadera magnitud. Al día siguiente llevé agua y papel de baño para el acopio de Álvaro Obregón, y me dirigí a abrir el puesto, desde donde estuve tuiteando las necesidades de los diferentes acopios que había en casi cada cuadra, y en Twitter me enteré de las brigadas ciclistas que estaban repartiendo ayuda desde la estela de luz en Chapultepec.

A partir del miércoles, mi día fue acudir a hacer un par de viajes para mover víveres o medicamentos de un acopio a otro, y después ir al puesto a trabajar.
Apenas la semana anterior había hecho un par de donaciones para los damnificados del temblor de 8.2, y ahora estaba ayudando en mi ciudad. No estuve moviendo escombros, aunque hubiera querido, pero hubo gente de mi familia que sí; no hice una gran donación, aunque el padre de mi pareja y la pareja de uno de mis hermanos organizaron “vaquitas” para comprar víveres y donar. Clientes dejaron de ir esa primer semana, pero a cambio veía las brigadas que se dirigían por cientos a los derrumbes de Ámsterdam…uno de mis clientes sacó a una de las primeras rescatadas de ahí.
Pude ver a algunos de los ciclistas que ayudaban a acreditar información para #Verificado19s, ví las cadenas humanas en los parques, ví la azotea chueca del Plaza Condesa…

Aún ahora, cuando ya casi todas las calles están abiertas, se siente más la normalidad, pero sé que aún no ha llegado. Falta mucho para que llegue. Aún hay 2 grandes bloqueos para llegar a mi trabajo, y aún hay edificios acordonados. Aún sigo las noticias acerca del colegio Rebsamen, veo los reportajes de damnificados en otros estados, los que ni siquiera eran damnificados pero que igual se acercan cuando ven que llegan víveres porque desde antes su nivel de vida era paupérrimo. Veo que hay inundaciones en el norte, en otros países.

Justo el 19, leí un reportaje acerca de damnificados del 85 que apenas estaban recibiendo su casa. Espero que no pase lo mismo. En aquel entonces, la sociedad se unió, y esa movilización culminó en represalias contra el gobierno. Ahora vimos que muchos políticos han querido aprovecharse de los esfuerzos que la sociedad hizo, y quieren aparentar que donan, cuando en realidad es dinero de nuestros impuestos. No debemos olvidar que tenemos el poder de quitar y poner a los políticos con nuestro voto.

15 días intensos, de esperanza, de enojo, de miedo, de solidaridad. Pero poco a poco debemos volver a la normalidad… aunque no debemos olvidar a todos los afectados. Mis próximos planes son ir a hacer de cuentacuentos, y llevar comics a los albergues.