Ragman #2 es de esos comics de lo sobrenatural que se ponen buenos a cada momentos. El personaje es interesante por lo que conlleva: ¡almas! Todas ellas en un traje que parece haber sido hecho trizas, de ahi el nombre.

Fuera de todo ello, el cómic es la segunda parte de la reinvención del origen del personaje, que si bien es desconocido para muchos, varios lo recordarán de Shadowpact, una colección de héroes de origen sobrenatural o mágico que formaron parte de muchos eventos de DC de la década pasada.

El asunto con Ragman es que las almas se quedan con él, dejándole una especie de sensación de posesión diabólica parecida a la que el Moon Knight de Marvel posee al estar en sintonía con su dios protector Khonshu o estando cerca de héroes de los cuales toma ciertas características de su personalidad y energía.

En este cómic, los aspectos de historia policíaca, entidades sobrenaturales que solo quieren ver al mundo arder, y un hombre que está no solo perturbado por lo que la almas de sus amigos y compañeros de unidad de combate le dicen que haga, sino que hay algo más allá del Traje de las Tristezas (un giro dramático al uniforme que viste al personaje) que no logra entender, y que lo conecta a estas entidades de otras dimensiones.

Lo que disfrutamos en este segundo ejemplar es el arte dinámico de Iñaki Miranda, quien nos entrega un toque visual muy rápido, muy etéreo y al mismo tiempo, con toques lovecraftiano que si bien no se acercan al verdadero horror inspirado en la obra de H.P. Lovecraft, si tiene la manera de engancharnos a una historia que cada vez más se pone buenísima.

¿Qué es lo que currirá con el traje y que tan cerca está Ragman de caer en cosas infernales? Tenemos que seguirlo viendo en las siguientes entregas.

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