Batman #68 es el cierre del episodio de historias que colectivamente se titulan Knightmares, que no solo es inteligente, sino también sólido a una historia que, nos da una introspectiva a los sentimientos de Batman tras el fiasco de su boda con Gatúbela.

Como el último eco de lo sucedido en el #50 de la serie, uno esperaría de Batman una válvula de escape fuerte, violenta y furiosa como hemos visto muchas veces a lo largo de las publicaciones del Mejor Detective del Mundo. Pero esto es un nivel distinto: un nivel de lo que pudo haber sido, de las cosas que pasarían cuando ya eres un hombre casado y tu mujer se hace amiga de la esposa de tu mejor amigo.

Amanda Conner, y otros compañeros dibujantes que colaboraron en esta revista, visualmente, nos entregan una divertida historia que, manejada de forma hábil por Tom King, nos trae un muy bien trabajado vistazo al final de una serie de eventos oscuros y dolorosos que se toma de manera fresca hasta que el pesimismo de Batman se sobrepone a una idílica y muy optimista visión del mundo que Bruce deseaba con toda el alma. Incluir en este capítulo a Superman, Supergirl y a Lois Lane no solo fue un acierto más, sino que su papel predominante en este ejemplar lleva a Bruce (y al lector) a una conclusión y decreto de situaciones que rompen para traernos a la realidad que todos conocemos en la temática de esta revista. No solo es un gancho al hígado para lo que Bruce deseaba, sino a la verdad única y dolorosa que todos conocemos: no importa la felicidad… no importa el que deseemos verlo de otra forma… no importa si algo bueno viene al Cruzado Encapotado… siempre veremos la tragedia de la vida de Batman. Por más que busquemos hallarle algo a Batman que lo deje satisfecho, nunca podrá ser, porque él es Batman, y para mala suerte de él, la felicidad le será negada siempre. Y aunque cite varios ejemplos de ello, la verdad es que eso no importa. Nunca habrá un triunfo para Batman porque siempre va a ser desechado por la siguiente cosa mala que lastime su mundo.

Y eso no solo es triste…

Eso es demasiado cierto incluso para considerarlo gracioso.

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